Con la mochila a la espalda y las botas calzadas comenzamos desde Navarra este periplo que supone El Camino.
Salimos a las 9 de la mañana con el sol como compañero y con la mejor de nuestras sonrisas, nada más empezar ya disfrutamos con lo que a nuestro paso encontrábamos, el sendero húmedo por el rocío mañanero desprendía aromas que despertaban nuestros sentidos